EL ARTE DE ESCULPIR la vida
Por qué sanar exige desarmarnos (y cómo hacerlo en paz)
Hace poco, en mi clase de escultura, viví una experiencia que me confrontó profundamente y me regaló una de las metáforas más hermosas sobre el autoconocimiento y la sanación.
Estaba trabajando en una pieza de barro utilizando la técnica de bloque. Me recordó mucho a lo que en mi libro menciono al citar The Tao of Pooh: el secreto del "Bloque sin tallar", esa invitación a volver a lo esencial. Cuando usas esta técnica, empiezas a modelar el bloque, dándole forma y vida a cada una de sus partes. De pronto, cuando ya parece que todo está formado, el proceso exige algo radical: debes cortar la obra en pedazos para proceder a vaciar toda la pieza por dentro.
A los ojos de cualquiera, la pieza sobre la mesa se ve destrozada. Confieso que ver mi obra en ese estado me generó algo de estrés. Se lo comenté a mi maestra y su respuesta fue una lección magistral para el alma: "Debe dejar el estrés para poder hacerlo con paz, sin romperla, porque no queremos dejar agujeros".
¡Cuánta sabiduría en una sola frase! En el proceso de la vida, muchas veces nos ocurre exactamente esto. Creemos que ya tenemos una forma definida, que ya estamos "terminados", pero para alcanzar la verdadera armonía y ligereza, necesitamos vaciarnos. En mi libro explico que muchas veces cargamos con el peso de creencias limitantes y "herencias emocionales" que no nos pertenecen. Vaciarnos de ese peso innecesario implica desarmarnos un poco, cuestionar nuestras verdades y, a veces, sentir que nos rompemos en pedazos. Como escribo en mi obra, el cambio profundo no solo confronta nuestros hábitos: confronta nuestra identidad.
Ver nuestras piezas sueltas asusta y, naturalmente, genera estrés. Y aquí es donde la lección de la maestra cobra todo su sentido. Si intentamos arreglar nuestra vida, unir los pedazos o tomar decisiones desde la urgencia o el miedo, nuestro sistema nervioso se altera, el cuerpo libera cortisol, la razón se nubla momentáneamente y actuamos por impulso. Terminamos forzando las piezas, rompiéndonos más y dejando "agujeros": heridas emocionales en nosotros mismos o en las personas que amamos.
La verdadera transformación requiere paz. Al vaciar la pieza de barro y volver a pegarla como un rompecabezas, parece que la obra está casi terminada, pero el artista sabe que apenas lleva el 25% del proceso. Le has quitado el peso, sí, pero ahora debes seguir modelando, logrando los volúmenes y las proporciones correctas, e incluso volver a cortarla para dejar toda la pieza de no más de un centímetro de grosor antes de proceder a los detalles.
Todo este proceso exige vulnerabilidad, calma, paciencia, seguridad y balance emocional. Requiere tener la visión clara de saber en quién te estás convirtiendo. En mi libro, me imagino el diseño de nuestro bienestar como un estudio creativo, un espacio de exploración interior donde mezclamos ideas, intuiciones y experiencias para crear nuestra propia obra maestra.
Los demás solo verán la belleza cuando la obra esté terminada; percibirán la armonía entre las partes y el todo. Pero tú, como el artista de tu propia existencia, eres capaz de ver la armonía y la belleza cuando aún estás en proceso. No en vano Friedrich Nietzsche decía que llega un momento en que debes convertirte en el autor de tu existencia y hacer de ti una creación digna de admiración. Él mismo afirmaba una gran verdad: "Debes tener caos dentro de ti para dar a luz a una estrella danzante".
Tu vida es ese bloque de barro. No le tengas miedo a desarmarte para vaciar el peso que te sobra. Hazlo con la paz del artista que confía en su técnica, sabiendo que no te estás destruyendo, sino esculpiendo con consciencia la mejor versión de ti mismo.
¿En qué etapa de la escultura de tu vida te encuentras hoy? ¿Estás modelando, vaciando el peso, o puliendo los detalles con paciencia y amor?